Hoy por encima de todas cosas vividas y las que me toqué enfrentar, persisto en describirte igual, como te vi hace varias décadas, en dulce sonrisa, en bondad extremada de ser, en configuración de espíritu y conciencia de fuerte ascendencia humana, para discernir todos los problemas terrenales.
Hoy llamo el clamor de la vida misma a darme la respiración necesaria para llegar al máximo azul de tiempo, abrazado en besos contigo.
En cada crepúsculo me involucro en las oraciones de la luna que resaltan tu encanto espiritual y tu arrolladora belleza de ser, que simulando ser débil, disminuye los avatares diarios y encanta en suave candidez los mundos humanos que nos toca enfrentar.
Y en la complicidad de los últimos luceros del alba mimo a besos la margen de tus hermosos pies y elevo mi voz en delicados poemas de oración virginal, a medida que riego mi respiración en tu espalda para colocar una rosa en tus hombros y arrullar tus cabellos para revolucionar tus exquisitas fragancias, que acompañan tu preciosa sonrisa volando al universo, para llenar de luz inmensa los astros que en el camino consigues y que oblicuamente se encuentran venerando tu belleza hasta el rincón final universal.
Lucterio Hernán Alvarenga

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